::: LAS VACACIONES DEL TURISTA TRADICIONAL :::
Dispuesto a escapar de la rutina y el ahogo, los turistas tradicionales ahorran todo el año para salir de vacaciones.
Cuando por fin llega el ansiado momento de partir, suben a su vehículo, con la parrilla tapada de colchones, secadores de pelo, radio, almohadas, y cuatro maletas por persona.
Cuando hacen un alto para almorzar, paran en un restaurante o tienden su frazada sobre las flores, sin darse cuenta que las aplastan; o peor aún, las cortan para llevarlas de recuerdo. Mientras, los niños se entretienen asustando a los pajaritos. Cuando finalmente continúan su viaje, dejan el lugar sucio con resto de su picnic.
La mayoría de los turistas tradicionales se aloja en hoteles. Sin embargo, también hay algunos que se van de camping. Aunque hay muchos que creen que alojarse en carpa cambia su estilo de vida, suelen instalarse con otras 200 familias en un sitio con más ruido y menos privacidad que su casa de la ciudad.
Muchos pasan los días preocupados por prejuicios sin importancia, como miedo a los insectos, asco a las vacas o preocupados por que el viento los va a despeinar.
Cada día caminan hasta la playa, donde saltan por encima de los otros bañistas, para encontrar un pedazo de arena vacio donde colocar su toalla.
Al ir al agua quizás se encuentren un letrero que dice: “Prohibido bañarse: Playa contaminada”.
A lo largo del día dejan su sector lleno de envoltorios de helado, colillas de cigarro y resto de sandia. Después de tan agotadora jornada, vuelven a su carpa, prenden la radio y, para no escuchar la del vecino, ponen la propia mas fuerte.
Tanto los turistas de hotel como los de camping, que parten con las cosas y mentalidad de la ciudad a cuestas, vuelven a sus hogares sin haber visto ni escuchado a los sapos y los grillos, sin haber conocido la paz y la tranquilidad de la naturaleza, y lo que es más, habiendo estropeado el lugar para los próximos visitantes.
|